Ohana significa familia…

Han pasado dos años desde aquel día…aquella tarde en que partí con miedo donde la Elo a buscar un informe. Recuerdo su cara tratando de explicarme algo que no entendía, supongo que ella vio como se desfiguraba mi cara pues yo lo veía en la suya. Algo me apretó el corazón hasta el siguiente día: ahora venía la traducción de la siquiatra de ese informe, escuchar un diagnostico al que es imposible estar preparado. Sé que esa reunión duro algo más de una hora, yo sólo recuerdo los primero quince minutos, y hasta que me dijo “tu hijo es autista”…no recuerdo lo demás, ni el camino de vuelta, sólo un pequeño abrazo y una voz: “Papi, quiero irme a casa”. Y desde aquel día han conocido una historia ajena, la que me he encargado de llenar de esperanza, de risas, de lágrimas, de disfraces, de guitarras y piratas, de mis instantes infinitos.

No ha sido fácil convivir con el autismo, es más, he sentido muchas veces la cuesta arriba pidiendo un lugar de descanso…pero de seguro han disfrutado, como yo, de aquellas “Santicosas” que limpian lágrimas, que renuevan sonrisas, que siembran esperanza:

–       “Papi, como se dice niño en inglés? se dice boy! y como se dice niña? se dice bay!”;

–       “Papi, que te parece que pintemos el auto rojo y le pongamos un 95 en las puertas?”

–        “Papi, que te parece si ganamos la copa pistón?”

–       Su Padrenuestro: “…no nos dejes caer en la ESTACION; y libranos del mal…”.

Y desde aquel día he aprendido mucho sobre el autismo y el espectro autista, del asperger, he conocido gente increíble, maravillosa, generosa (que no nombro porque son más de 100) he descubierto lo que soy capaz, pero sobretodo, he aprendido a ser papá de Santiago y de la Trini, la luna y el sol que alguna vez leyeron, he conocido en los niños lo que soy, he aprendido de mi propio “autismo”.

Y escribo porque desde que aquel día decidí hacerlo, cada año, para no olvidar el inicio de este largo camino y ver dónde vamos, para no juntar lágrimas sino escribirlas; para compartir las risas, las mías, las suyas; para ganarle un poquito cada día a este autismo que no ha podido – ni podrá – apoderarse de mis versos.

Grandes logros, pequeños pasos, triunfos y derrotas, que de una u otra manera son parte de ustedes, de esta famlia…y tu familia nunca te abandona.

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