Conclusiones Seminario “Hacia una Educación Inclusiva”, Chillán, octubre 2012.

El viernes 12 de octubre pasado, se desarrolló en Chillán el seminario “Hacia una Educación Inclusiva“, organizado por la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Tecnológica de Chile – Inacap, Chillán, en conjunto con la directiva de la agrupación “Mi Luna Azul”, Karina Vielma y Rodrigo Parra, que reúne a padres de niños con autismo y trastornos del espectro, seminario al que fui invitado a participar y exponer respecto del tema y su relación con los TEA.

Dicha actividad tuvo lugar en el salón Claudio Arrau del Hotel Isabel Riquelme, y contó con las ponencias de Nathalie Carrascosa Diaz, profesora y magister en educación, con el tema “Diversidad desde la Neurovidersidad”; de Patricio Fuenzalida Tapia, psicopedagogo y presidente del colegio de la orden en Chile, con el tema “La integración en Chile”; de Pía Vera Galvez, educadora de párvulos y psicopedagoga, con el tema “Vivir en Chile con necesidades educativas especiales”; de Leonardo “Caracol” Farfán, director del proyecto “Amasperger”, con el tema “Como se vive con Asperger”, y la mía, como director de asuntos internacionales del proyecto Amasperger, con el tema “La Inclusión Social y Educativa en los Trastornos del Espectro del Autismo en Chile”.

Al seminario asistieron profesores, psicopedagogos, directores de escuelas y de colegios de la comuna, estudiantes de la carrera de psicopedagogía de la mencionada universidad y otras afines, padres de niños con autismo y asperger, y profesionales ligados a la atención temprana de personas con TEA.

Leonardo Farfan, Nathalie Carrascosa, Pia Vera, Patricio Medina, Patricio Fuenzalida (de izq a der)

El seminario se inició las palabras de la sra Marcia Orellana, directora de la carrera de psicopedagogía en la mencionada institución, quien dio la bienvenida y se refirió a la importancia de la educación inclusiva en el Chile de hoy.

Cada uno de los exponentes se refirió en mayor o menor medida a los aspectos teóricos y prácticos de las necesidades educativas especiales, y especialmente, a los que deben ser tomados en cuenta en el autismo y en el síndrome de asperger y la educación de las personas con un TEA. Cada uno expuso su visión respecto de la educación en Chile respecto de las personas con trastornos del espectro, y creo que todos coincidimos en que hoy la educación inclusiva es sólo de papel, que se queda en decretos leyes y palabras bonitas, ya que la realidad es demasiado distinta, no sólo para el alumnado con un TEA, sino para todos los que tienen una necesidad educativa especial.

Se destacó en particular el caso de la una escuela en Chillán reconocida por los profesores y padres presentes en el seminario como una de las que cumple con el concepto de “educación inclusiva”, resaltando de inmediato el argumento que si una escuela “cumple” no existe razón alguna para que las otras no lo hagan, es su deber, es su obligación. Pero más allá de eso, todos coincidimos en que una educación inclusiva requiere, además de cumplir las normas legales obviamente, que dejemos las etiquetas a un lado y comencemos a tratar a las personas por su nombre, pues eso son, personas ante todo, con iguales derechos a la educación que todos; que los niños con necesidades educativas especiales dejen de ser un número que se use en la obtención de recursos y subvenciones y se les dedique la real importancia y atención que requieren, y que dejen de ser invisibles para nuestro sistema educativo; asimismo, coincidimos en la importancia de la psicopedagogía como parte integrante de la atención terapéutica que deben recibir los niños con trastornos del espectro del autismo en educación, su real rol y participación, y la capacitación que los profesores deben tener para enfrentar con éxito los desafíos que la educación inclusiva requiere hoy. Finalmente, concluimos en la necesidad de trabajar y exigir una política pública en materia de trastornos del espectro del autismo, no sólo en educación, sino en salud, resaltando la importancia que los diagnósticos tempranos representan para comenzar a trabajar, no como etiquetas, y la atención temprana que debe ser accesible para todos los niños, de modo de otorgarles herramientas que les permitan afrontar de mejor manera no sólo el proceso escolar, sino también la vida diaria.

Como anécdota señalo que tres de los expositores tienen síndrome de Asperger, nos contaron sus experiencias de vida, tanto escolar como en lo social, hasta llegar hoy a lo que son: profesionales dedicados a la educación y a trabajar por la inclusión no sólo educativa, sino social, pues coincidimos que debe ser primero una sociedad inclusiva, que acepte la neurodiversidad, el puntal para comenzar a trabajar en un real educación inclusiva, para que algún día sea sólo educación.

En lo personal, fue una gran experiencia, no sólo por la calidad del seminario y de las ponencias, sino por las personas que conocí y que vi comprometidas con su pega, con su profesión, con sus alumnos, con el trabajo diario, duro y constante por lograr la inclusión, cada uno desde su trinchera. Profunda alegría de ver personas convencidas que los cambios se buscan y no se esperan, que podemos hacer algo más por el otro, que saben que llegó el momento de exigir y no seguir esperando, y en definitiva, personas que están en la misma que yo, y que varios más. Renueva las fuerzas y las ganas encontrar esos compañeros en las ideas y en las luchas.

Destaco las palabras de Patricio Fuenzalida, psicopedagogo, quien después de exponer magistralmente, concluyó su ponencia hablándonos de una educación afectiva, para referirse a esa educación que además de ser inclusiva por cumplir todos y cada uno de los requisitos que en la teoría se han establecido, implica desarrollar e impartir la enseñanza con amor, con cariño, con sentimiento, no por cumplir las horas ni un trabajo, amor no sólo a la profesión de educador y de psicopedagogo, sino también a los niños y jóvenes que son sus estudiantes, pues a la larga, trabajar de esa forma ayuda también de sobre manera a la sociedad y a la educación inclusiva que en este seminario quisimos delinear.

Ah….y no había “café ni galletas”.

Patricio Medina

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