Enfrentando los Trastornos del Espectro del Autismo desde una Visión Global

Se estima que en Chile hay más de 100.000 personas con un Trastorno del Espectro del Autismo. Durante muchos años estas personas estuvieron condenadas al ostracismo, a la exclusión social. El diagnóstico de Autismo se convirtió en una sentencia condenatoria para estos ciudadanos y sus familias. En estos últimos años, muchas asociaciones de familias han llevado a cabo un esfuerzo ímprobo por dar una visibilidad a éstas personas, para que exista una conciencia de ciudadanía plena, para que exista un respeto hacia sus derechos, que en suma son los mismos que los de cualquier chileno.

Sin embargo hoy vemos como se ha llevado a cabo un debate inmenso relacionado con un componente de las vacunas. Este componente llamado Tiomersal ha sido acusado desde hace más de una década de provocar autismo. A pesar de la ingente evidencia científica que ha demostrado que esto no es así, o que una larga lista de países, que basándose en un principio de prudencia, decidieron retirarlo de sus vacunas infantiles, la prevalencia no sufrió ninguna variación. Países donde la citada prevalencia no varió a pesar de la eliminación del tiomersal.

Sin embargo, a pesar de la evidencia científica y el resultado de que la retirada del tiomersal en muchos países ha sido ninguno, en Chile hemos empleado un esfuerzo ímprobo en hacer creer a la población y al gobierno algo que hace muchos años quedó resuelto a nivel internacional. Nuevamente llegamos tarde, más de una década tarde a una discusión que ya quedó resuelta. Aspecto que no deja de ser vergonzante. A la vista de otros países lanzamos el mensaje de que nuestro gobierno no solo no se enterado de lo que sucede en el resto del mundo sino que es capaz de legislar solo en base a presiones de lobies, obviamente esto es una pésima imagen internacional que abre la veda a otros aspectos.

No podemos negar que nos alegra la retirada de este conservante, pero no desde el punto de vista del autismo, sino desde el punto de vista de la modernización de los programas de vacunación. Y sobre todo, por estar en la línea de que mejores vacunas son posibles y así se está demostrando. No hablamos de efectos en el neurodesarrollo, si no de una mejor calidad de nuestros modelos de salud pública. Pero no podemos olvidar que proclamar campañas como la que se ha llevado a cabo, han hecho un flaco favor a las personas con TEA de Chile, quienes nuevamente serán vistos como enfermos hacia quienes debemos sentir pena, lástima y compasión. Tanto trabajo de concienciación eliminado de un plumazo.

Pero basar estos cambios en un modelo del marketing del miedo, de una presión basada en intereses particulares, nos hace volver a tiempos pretéritos, mucho más oscuros y aciagos. No podemos por tanto basar las políticas de salud pública en presiones de grupos que persiguen intereses particulares. Esto no hace más que aumentar la división en la sociedad. Y es precisamente en estos aspectos donde debe existir una unión ciudadana, ya que al final, acabamos en un peligroso camino, que es defender dinero, mientras nos olvidamos de los derechos fundamentales del individuo.

Y son los derechos fundamentales del individuo lo que debe primar. Mientras se ha gastado un esfuerzo inmenso en conseguir en base al miedo un cambio no necesario, olvidamos que los niveles de contaminación por tóxicos en muchas regiones de Chile siguen creciendo, pero esta maniobra alejó la visión del ciudadano del verdadero problema de nuestro país, quizá los inmensos intereses de la industria minera tengan más fuerza de la que pudiéramos pensar. Y por eso mismo, mientras defendemos dinero los derechos de nuestra sociedad siguen ahí, estacionados, a la espera de que alguien decida que esa es la base de toda reclamación justa.

Hasta que los ciudadanos chilenos con TEA no tengan derecho a una atención temprana adecuada a sus necesidades, mientras no tengan acceso a una educación basada en principios inclusivos, mientras la inclusión socio-laboral de las personas con TEA siga bajo mínimos; mientras todo esto siga sucediendo, solo conseguiremos seguir incidiendo en la visión negativa y excluyente. Seguiremos teniendo una sociedad que impulsa y promueve una sociedad clasista, donde quien no puede pagar está condenado. Y es que los Trastornos del Espectro del Autismo NO deben ser una sentencia condenatoria. Sino una realidad de la diversidad social que tiene no solo nuestro país, sino el mundo entero. Mientras esta diversidad no sea aceptada, no existirá la inclusión social de TODOS los ciudadanos de Chile, sin excepción ninguna. Mientras sigamos este camino se fomentará la división y acabarán ganando los de siempre.

Un país se juzga por como trata a los más desfavorecidos. Porque un Chile mejor es posible, por eso trabajamos, para que todos los ciudadanos de este país tengan las mismas oportunidades, independientemente de su condición, sexo, religión, color de piel o pensamiento. Trabajamos por un futuro mejor.

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